Hemingway, razones para quedarse en Cuba
Por Ivette Semanat
Caminar por las calles de Cojímar, asistir allí a la exhibición de exuberantes especies marinas, contemplar el mar que un día inspiró al poeta y compartir con su gente, es comprender las razones de Ernest Hemingway para quedarse en Cuba.
Fundada en 1649, la localidad –otrora eminente villa de pescadores- debe su nombre al lenguaje arauco y significa entrada de agua en tierra fértil. Quizás de ahí el afán por conservar sus playas como el atributo principal.
Al paso por la bahía, que un día fue de arenas grises, el viajero descubre vestigios de una auténtica comunidad de pescadores y tropieza con las redes tendidas al sol, después de largas jornadas en busca del mejor ejemplar marino.
Se sorprende además ante la presencia de viejos caserones que expandidos a lo largo de la costa desafían la cercanía del mar.
En ese lugar, el escritor estadounidense conoció historias sobre tormentas, naufragios, fiestas, tesoros aparecidos en las profundidades, y quizás, hasta de amores.
Descubrió el sabor de nuestras típicas frutas, convirtió el olor del café y el habano en parte indispensable de su espacio vital y soñó –tras los duros años de dictadura- con la Cuba de la Revolución.
Pero la suerte de la pequeña urbe se coronó cuando su entorno, bendecido por la patrona de los navegantes o Estrella del Mar, conocida como la Virgen del Carmen, dio a luz a las tramas y los protagonistas de la obra que le mereció el Premio Nobel.
Así, “El viejo y el mar” quedó en la memoria histórica de Cojímar, y esta a su vez en el recuerdo eterno de la literatura universal.
Pero no sólo las artes, las letras han hecho de este poblado un sitio entrañable. Allí, la historia parece haberse detenido, parece estar todo el tiempo invitando a rememorarla.
La edificación más antigua, por ejemplo, fue construida en el año mil 645 por el ingeniero y diseñador italiano Juan Bautista Antonelli, y sirvió como punto de vigilancia para prevenir a la Ciudad de la Habana de posibles ataques de corsarios y piratas.
Según el historiador de la localidad, la pequeña fortaleza destacó por su importancia estratégica durante la Toma de la Habana por los ingleses, en mil 762.
Entre sus habitantes –no exagero- todavía aparecen personajes confesos del Dios de Bronce de las letras norteamericanas; y otros a quienes la elocuencia de su prosa, deja la sola alternativa de lamentar un tiempo no compartido.
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